Estudiar, amar y extrañar en la distancia.
Durante estas últimas semanas, he escrito y preguntado a personas de toda Cuba cómo llevan el aislamiento, cómo encuentran la esperanza. Pero… me quedaba otra interrogante: ¿qué sintieron los cubanos que viven en otros países? ¿Cómo vivir esta etapa sin el apoyo de la familia?

Llueve. La Habana respira y borra con el agua alguna de sus tristezas. En estos momentos mi gata Yolanda se recuesta a mi lado, busca afecto, igual hago yo con mi mamá cuando las tormentas arrecian. En estos meses, por ejemplo, la familia más cercana es el único refugio para sobrellevar la pandemia.
Durante estas últimas semanas, he escrito y preguntado a personas de toda Cuba cómo llevan el aislamiento. ¿Cómo encuentran la esperanza? Compartí con ustedes respuestas de todo tipo: madres e hijas que hacen retos de internet, una joven que trabaja y mantiene una higiene impoluta para evitar el contagio y muchas más historias. Me quedaba otra interrogante: ¿qué sintieron los cubanos que viven en otros países? ¿Cómo vivir esta etapa sin el apoyo de la familia?
Omar González estudia en la ciudad universitaria Aix-en-Provence, Francia, como parte de su formación de postgrado. Messenger mediante, me contó sobre los primeros días, cómo casi nadie tomaba con seriedad el virus y el uso del nasobuco era un objeto extraño, raro, destinado solo para el personal de la salud y personas que atendieran público de forma directa.
Al principio tocaba acostumbrarse a una nueva rutina. Vivir en un piso vacío, porque todos los residentes viajaron. Una etapa de fortalecer amistades y unirse, ya sea para cocinar, estudiar o compartir preocupaciones comunes, la añoranza al país de origen, por ejemplo.